Humo y horizonte, un vacio interminable delante, detrás, una historia inacabada en tonos ocres de olor a rosas y tabaco negro. Traen imágenes sueltas que se le escapan al olvido y se refugian en los rincones, una película de monos que hablan y andan a dos patas, humanos que babean, que gruñen detrás de las rejas, la bicicleta amarilla de mi hermano apoyada contra la pared oscura del pajar de mi iaia, había gallinas, un hogar ya frío y unas escaleras tan altas como mis piernas, tuve que sudarlas y tocarlas con mis manos de niña, un olor a sexo masculino flotaba en las duchas de las colonias, ahora se que era olor a cañería, pero hay olores que no corresponden a sus realidades.