Erase de una silla que a una niña le regalaron, una silla de madera y plástico abandonada debajo de una escalera donde se grillan las patatas. La madera con el tiempo ha ido cuarteándose y los clavos que aguantaban las tiras de plástico se han soltado y otro oxidado.

La niña ya adulta se acordó de su infancia y fué a buscar su silla debajo de la escalera donde se grillan las patatas.

La silla ya no estaba y las patatas tampoco, solo el olor perduraba, un olor a humedad que a la niña ya adulta le devolvió su sillita.